viernes, 30 de diciembre de 2011

CREMA DE LIMÓN

Me quejo de que estoy gorda desde hace años, pero la verdad es que tengo cien tentaciones por día, y no son los hombres los culpables (jajaja) sino otras cosas más apetitosas: que si unos pestiños, que si bombones, que si la cerveza, que si el pan, queso, choricito, jamón y un vino excelente para acompañar... No hay día que pase que no cometa varios pecados, ¿de qué me quejo? Vivo en una sociedad hiperconsumista y todo lo tengo al alcance de la mano, así que me paso el día rodeada de tentaciones que me obligan a controlar mi apetito y reprimirme (¿qué pensaría Freud?), y por otro lado tengo que darme pequeños caprichitos para no amargarme.
Hace un par de semanas que tenía que haber comprado una pila para el peso, pero lo voy dejando de un día para otro porque me da miedo pesarme.
"La vida es tan breve, son dos días, no más"... y mientras me decía esto arranqué dos limones de mi hermoso arbolito, dispuesta a hacer algún experimento culinario. Decidí hacer crema de limón para untar a un bizcocho o galletas, así que me puse inmediatamente manos a la obra, no fuese a arrepentirme.
 Me han salido dos botes de crema riquísima, ¡¡¡está de muerte!!! Voy a empezar el año con algo dulce y ácido a un tiempo, necesito mimarme, decirme a mí misma que la vida es para saborearla cuchara a cuchara...

martes, 20 de diciembre de 2011

POR FIN LIMONES

Dicen que con paciencia se consigue todo en la vida. Yo no soy una mujer paciente, pero la Naturaleza sí lo es. Finalmente, mi pequeño limonero ha dado limones. Dos de ellos están ya casi a punto, y otros cinco van madurando tranquilamente. Ya podéis imaginaros qué emoción sentí al ver crecer el primer limón del árbol... se me caía la baba.
Ahora es invierno es este rinconcito del planeta y no apetece demasiado la limonada, pero voy a hacer una crema de limón para rellenar bizcochos y una mermelada de limón. Ya os contaré más la próxima vez que entre en el blog.

domingo, 5 de junio de 2011

POR FIN LIMONES...

Cuando compré el limonero y lo planté no me imaginaba la de meses que pasarían hasta obtener un limón... Y todavía hoy he de cruzar los dedos, pues el que pende de una rama está muy pequeño y totalmente verde, ¡y quién sabe si el viento de Levante, celoso de él, me lo va a arrebatar!
Esta primavera, cuando salieron un montón de flores de azahar, creí que por fin saldrían los ansiados limones, y vigilé bien que no hubiese hormigas, señal de que hay pulgones. Al caerse las flores observé que habían brotado unos limoncillos diminutos, mucho más pequeños que una canica, a los que vigilaba con amor diariamente. Pero tras una semana de Levante tormentoso, todos mis sueños se fueron al garete. En el suelo aparecieron más de quince gemas caídas, que tal vez habrían llegado a limón si no llega a ser por el maldito temporal.
Esto me lleva a pensar que la vida vegetal es mucho más complicada de lo que en un principio imaginé (claro, soy tan cateta, tan "de ciudad", no he visto en mi vida cómo crece un limonero). Hoy he revisado una a una las hojas y he cortado aquellas que no me inspiran confianza pues el envés de la hoja parece cargado de huevecillos blancos (¿serán futuras orugas?).
Con este tipo de árboles, los invernaderos deberían regalar el "libro de instrucciones" a los novatos como yo.

sábado, 1 de enero de 2011

EL LIMONERO

Hace un año que planté el limonero y aún no ha dado un solo limón. Al principio estaba enojada, pero ahora me lo tomo a broma. Las plantas son como las personas: no siempre estamos preparadas, cada una tenemos una velocidad diferente. Es cuestión de paciencia y de mimos, me digo.
Escribe Machado:

El limonero lánguido suspende
una pálida rama polvorienta
sobre el encanto de la fuente limpia,
y allá en el fondo sueñan
los frutos de oro...

Mi primera idea fue plantar un limonero y un ciprés, uno junto al otro, símbolos de la vida y de la muerte. El jardín era pequeño y opté por los limones. No dejo de mirar con envidia el del vecino, que ha crecido espigado y hermoso, cargado de frutos. ¿Será que el mío es tímido?

martes, 16 de febrero de 2010

VENGANZA HACIA CASANOVA

Hay hombres que me llevan a la venganza; mejor dicho, hay situaciones -provocadas por ciertos hombres- que me arrastran a vengarme. Recientemente he vivido algo así. De todos los hombres que había disponibles en el escaparate social, fui a elegir uno que juega a seducir damas por deporte, un Casanova del sigo XXI. Las cartas que puso sobre el tapete eran un cúmulo de mentiras, y yo, que soy tan ingenua a veces, me dispuse a jugar pensando que no sería un juego sucio, que sus cartas no estaban marcadas ni dobladas, que no escondía otras barajas. La realidad ha sido otra: yo he salido herida del juego. Gracias a esto he descubierto lo perversa que puedo llegar a ser cuando me han herido y engañado. No es que mi naturaleza sea vengativa, es que no siempre queda otra arma que usar para quitarnos el mal sabor de boca, ese regusto amargo que deja el engaño.

Ayer fue mi cumpleaños. Cumplí 46. Pasé la tarde en el sofá, con un catarro tremendo, pero disfrutando como una adolescente. Escribí una larga carta, cargada de divertidos detalles, solo y exclusivamente para ese Casanova. Y sentí odio y placer al mismo tiempo por haber perdido un mes con tan adorable criatura.
JARDÍN SALVAJE

1.
¿Qué pedirle a la rosa que no sea
la esencia misma de la rosa?
¿Qué altura al ciprés
espigado y altivo?
¿Qué vulnerable fragancia
al naranjo que
generoso encandila mis noches?

Cuando un corazón vive a cielo raso
respirando al unísono con la vegetación,
cuando un corazón se ha deshojado
de sus más íntimos pudores
y desnudo se fortalece más y más cada día,
se le conoce con el nombre
de jardín salvaje;
y no hay rosa ni ciprés ni naranjo
que le presten un nombre,
un aroma, una sombra;
salvaje como es, todo lo abarca.


2.
Hace tiempo que el viento del Oeste me visita.
Al principio no prestaba atención,
las horas se me iban entre quehaceres varios
y cuando me daba cuenta
había revuelto todas las plantas,
jugando a desordenar lo aparente, lo lógico.

Suele llegar a eso de las cinco
y me encuentra esperándolo
con un té entre las manos calientes.
Echo cáscara de naranja, romer,
un dedal de canela en rama,
pétalos de jazmín o geranio en la taza;
cada día diferente té, como diferentes
son las vidas que me cruzo por la calle.
Unas van en contra del viento,
otras dejándose empujar,
sin oponer resistencia. Me pregunto
por qué el Oeste ha elegido mi jardín
para pasar las tardes,
qué le irrita de mí y qué le gusta,
por qué me hace cimbrear como una rama
de melocotonero
y me desabrocha las trenzas.


3.
La muerte debe ser como esas raíces profundas
que se resisten a ser extraídas de la tierra,
verticalmente vivas,
verticalmente orgullosas,
raíces que penetran en lo más íntimo
y allí crean un reino misterioso
de líquidos ocultos.
No hay rastrillo que las desentierre.
No hay conciencia que las expulse.

Al fondo del jardín, junto a la tapia blanca,
quedan raíces que no he podido arrancar.
Tal vez mis manos son muy niñas.
Tal vez no poseo fuerza suficiente.
Tal vez aún no comprendo
la verdadera hondura de las plantas.

viernes, 12 de febrero de 2010

EL JARDÍN ESCONDIDO

¿Por qué abro un blog? ¿No tengo suficiente con mis diarios, las cartas a los amigos, mis libros? ¿A quién pretendo llegar? Muchas veces me han insistido en que debería tener una página web, pero la pereza me puede y lo voy dejando de un día para otro. Un blog me parece algo más íntimo, más privado y escondido, una especie de pequeño huerto en el que algunos lectores pueden colarse.
En mi casa hay un pequeño jardín no virtual. He plantado un limonero tan pequeño que aún no le ha brotado ningún limón, pero tengo fe en que en primavera aparezcan las primeras flores de azahar, y poco después algún fruto.
Éste, en cambio, es un jardín virtual lleno de plantas olorosas: tomillo, romero, mejorana, menta, jazmín... todo está al alcance de la mano. Me encanta la naturaleza silvestre.